lunes, 27 de agosto de 2012

27 de agosto de 2010.

A estas horas hace dos años estaba en León capital preparándome para el que iba a ser uno de los días más felices de mi vida. Me levanté pronto y una de las primeras cosas que hice tras desayunar fue ir a recoger mi vestido a la tienda y llevarlo allí donde me cambiaría horas después...

Estaba nerviosa pero a la vez muy feliz y emocionada pues tras unos días muy ajetreados y con algún que otro contratiempo había llegado el gran día, un día que llevábamos preparando cerca de un año con todo el cariño y la dedicación posibles. Intentamos mimar todo al detalle. Queríamos que fuera un día que ni nosotros ni nadie de los que nos acompañaba en ese día pudiera olvidar. Éramos conscientes de que muchas personas habían hecho grandes esfuerzos por estar a nuestro lado y no queríamos defraudarlas. Queríamos que sintieran nuestra felicidad y que se sintieran contentos de estar a nuestro lado...

Fue un día precioso... El sol brillaba y apenas había nubes. León nos ofreció uno de sus mejores días de agosto para que la catedral irradiara esos colores tan bellos a través de sus grandes vidrieras. Fue un día para el recuerdo. Cuando pongo la mirada en ese día sonrío y pienso que fue especial. Siempre estará en mi memoria el día que me casé y hoy dos años después me siento aún más orgullosa pues disfruto de Irene recordando ese gran día. 

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